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viernes, 19 de octubre de 2012

HAZTE NIÑO

La vida nos regala diariamente cosas tan cotidianas y maravillosas como gente de la que tanto podemos aprender, cosas que podemos observar, deportes que podemos practicar, sonrisas, gestos etc. Sin embargo, parece que toda esta belleza gratuita pasa desapercibida por los, cuántas veces, absurdos problemas que nos creamos. 

¿Queréis saber por qué me pongo un tanto psicóloga-filosófica en esta entrada? Pues simplemente porque llevo dos semanas aprendiendo de una niña de quince meses que se llama María, la hija de una muy buena amiga mía española que está casada con un chico alemán aquí en Essen. Como vivimos cerca la cuido de vez en cuando y María me enseña que hay que sonreír siempre, que no se puede perder la ilusión, que hay que vivir cada día con mucha alegría. Ella, con su pelo rubio y sus ojos azules, sonríe y saluda con sus manitos diminutas a todo el que se le aparece por delante: tanto a la señora rica que lleva el abrigo de piel como a los borrachos que fuman cigarrillos cerca de la catedral. Y ¿sabéis qué? Todos le devuelven la sonrisa. Y pienso yo... ¿cómo resistirse a semejante princesita? Allá por donde vamos le regalan desde fresas hasta una chocolatina...¿A cambio de qué? De una simple y sincera sonrisa. Ella jamás hace diferencias porque no conoce los problemas, o mejor dicho, ¡sí los conoce!, pero no le importan porque con su sonrisa y sus ganas de vivir todo lo cura. Así, cuando se cae mil y una vez, llora medio segundo pero ya está arriba dispuesta a sonreír y a volver a jugar. 

Ojalá todos los mayores fuésemos como ella. Ojalá todos pudiésemos aprender de los niños, de su inocencia,de su capacidad de olvido, de su sonrisa, de su afán de superación, de su dulzura, del verdadero cariño que regalan y de su mirada limpia.

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