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sábado, 11 de junio de 2016

EN LA MESITA DE NOCHE

En el tipo de entrevistas que guardan un formato de varias preguntas cortas, una de las típicas preguntas que los periodistas hacen a los personajes famosos que entrevistan suele ser ¿Qué libro/s tienes ahora mismo sobre la mesita de noche? 

Pues justo el otro día leía esta pregunta que un periodista hacía al entrevistado y pensé en mí: ¿Qué libros están en mi mesita de noche? ¿Cómo son mis hábitos lectores? ¿Cómo me defino al respecto? Aunque parezcan preguntas muy simples, lo cierto es que pienso que las respuestas a estas preguntas dicen mucho de la persona. Nos da información de si a la persona le gusta leer, qué tipo de libros le gusta leer, en qué idiomas lee, de dónde saca los libros (tienda o biblioteca) y si le gusta el formato de libro clásico o ha caído en la modernidad del libro digital, entre otras cosas.

Personalmente no me considero una devora libros. Nunca lo he sido. Siempre me ha costado encontrar el momento tranquilo del día para poder leer, pues me gusta mucho el movimiento. Por ejemplo, siempre he preferido dedicar mi tiempo libre a la danza clásica y a otros deportes antes de sentarme a leer un libro. Reconozco que a lo largo de mi vida he leído más libros que me han dejado indiferente que libros que me han conmovido, sorprendido o entusiasmado enormemente. También me ha pasado mucho el empezar un libro y dejarlo a la mitad por sentir que no me estaba aportando nada. Pero supongo que todo esto tiene mucho que ver con el carácter de las personas, pues lo mismo me ocurre con las películas. Definitivamente, creo que el problema radica en que soy difícil de sorprender. 

En cuanto a los tipos de libros que leo, debo decir que antes de decantarme por uno u otro determinado le doy bastantes vueltas. Lo que más me gusta es que un buen amigo me recomiende uno pero si esto no puede ser, entro en Google y navego por foros o páginas web donde puedo leer reseñas y acabar teniendo una idea de lo que más me apetece leer en ese determinado momento: un libro histórico, una historia de amor, un drama, un libro filosófico, un libro relacionado con deportes como el pilates o el yoga o un simple manual de recetas de cocina son algunas de las temáticas por las que me suelo decantar. Aunque a veces suelo caer en los bestseller, que por algo se llaman así, en muchas otras ocasiones es la simple temática del libro la que se lleva mi atención. 

Sobre los idiomas en los que me gusta leer debo decir que en todos los que domino: el español y el gallego como lenguas maternas y el inglés y alemán como lenguas de nivel avanzado. Si bien leo mucho más y más rápido en español que en el resto de las lenguas mencionadas, no me gusta descuidar estas últimas y, por ello, en mi mesita siempre hay cuatro libros en estos cuatro idiomas que voy leyendo según me apetece. Es además un modo de actualizar las lenguas extranjeras que tan difíciles son de practicar en el día a día en el país de origen.

Mis cuatro libros de esta temporada.

Si bien me gustaría tener en mi habitación una estantería a modo de librería llena de libros ordenados por autores y diversas temáticas, lo cierto es que esto no es viable por cuestiones obvias de espacio y presupuesto. Tengo una estantería pequeñita y los libros que van pasando por ella provienen, en su mayoría, de la maravillosa biblioteca que está a cinco minutos de mi casa: La biblioteca pública de Miguel González Garcés. Todo un lujo al alcance de mis manos. Aunque actualmente compro algunos libros bastante de vez en cuando, hace unos años era mucho más común verme con ejemplares sacados de tienda, pues mi tío trabajaba para Círculo de lectores y me regalaba todos aquellos libros que le pidiese. Toda una suerte…

Respecto a la eterna pregunta de si preferir leer en papel o en libro electrónico, escojo definitivamente la primera. Necesito sentir el libro en mis manos, olerlo, pasar sus páginas y subrayar las ideas con las que me gusta quedarme. Me da igual que me pese más si me voy de viaje pero el formato electrónico lo he tenido y creo que lo he dejado aparcado para siempre. No me gusta y ya me parece más que suficiente dirigir la vista a la pantalla de mi ordenador portátil durante muchas horas del día.



Hay muchas cosas más que se podrían debatir sobre el tema de la lectura pero lo indudablemente cierto es que leer solo aporta ventajas: te permite introducirte en lugares y entornos en los que nunca habías estado, mejora el vocabulario, la ortografía y la propia redacción, además de distraerte del día a día. Y todo esto lo he comprobado este curso académico en el que he dirigido un estudio en una asociación juvenil: los niños a los que les gusta leer, se expresan mejor, comenten muchísimas menos faltas de ortografía y son más creativos. 

Para finalizar me gustaría comentar una anécdota curiosa del día de ayer. Resulta que estaba de visita en la librería de una amiga porque una escritora venía a presentar uno de sus libros a la tienda y me encontré con una madre cuyo hijo estaba inmerso en la lectura de un libro que cogió de la librería en ese momento. La madre, que estaba a mi lado, me comentaba que cuando sus hijos se portaban mal los tenía que castigar sin leer. ¡La primera vez que oía cosa semejante!

Y tú, ¿qué libros están ahora mismo en tu mesita de noche?, ¿en qué idiomas lees?, ¿qué tipo de lector eres? ¿cuáles son tus hábitos y preferencias en cuanto al mundo del libro?

Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de 

inefable y deliciosa compañía.

(John Fitzgerald Kennedy)

miércoles, 1 de junio de 2016

BIENVENIDO, JUNIO

                                          (Oda al verano, de Pabo Neruda)

Verano, violín rojo, 
nube clara, 
un zumbido de sierra 
o de cigarra te precede, 
el cielo abovedado, 
liso, luciente como un ojo, 
y bajo su mirada, verano, 
pez del cielo infinito, 
élitro lisonjero, 
perezoso letargo 
barriguita de abeja, 
sol endiablado, 
sol terrible y paterno, sudoroso 
como un buey trabajando, 
sol seco en la cabeza 
como un inesperado garrotazo, 
sol de la sed andando 
por la arena, verano, 
mar desierto, el minero 
de azufre se llena 
de sudor amarillo, 
el aviador recorre 
rayo a rayo 
el sol celeste, 
sudor negro resbala 
de la frente a los ojos 
en la mina de Lota, 
el minero se restriega 
la frente negra, arden 
las sementeras, 
cruje el trigo, 
insectos azules 
buscan sombra, 
tocan la frescura, 
sumergen la cabeza 
en un diamante. 
Oh verano 
abundante, 
carro de manzanas 
maduras, boca de fresa 
en la verdura, labios 
de ciruela salvaje, 
caminos de suave polvo 
encima del polvo, 
mediodía, tambor 
de cobre rojo, 
y en la tarde descansa 
el fuego, el aire 
hace bailar 
el trébol, entra 
en la usina desierta, 
sube una estrella 
fresca por el cielo 
sombrío, crepita 
sin quemarse la noche 
del verano. 

La entrada de este primer día de junio la quería abrir con los versos de uno de mis poetas favoritos, Pablo Neruda. Su poema me transporta a un verano cálido y mágico, muy distinto al que solemos vivir en Galicia. Aquí tenemos los días contados en los que brilla el sol. Y como hoy ha decidido brillar un poquito, me he acordado de escribirle unas letras al verano.

Reconozco que me encanta el verano, más que cualquiera otra estación del año. Me gusta la idea de vestir ropa ligera, tomar ensaladas frescas y helados y tumbarme al sol en la playa con un buen libro en la mano. También me gusta tomar café con hielo en las terrazas, rodeada de la familia o de los amigos, y salir una noche de cócteles un tal sábado por la noche. Para mí estos pequeños detalles simbolizan el encanto de un buen verano. Y así, hoy me he animado a ponerme un vestido y a pintarme las uñas de verde agua porque ya respiro los primeros rayos de sol en la ciudad.

Y a ti, ¿qué imágenes te transportan al verano? Estas son las mías: