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domingo, 3 de julio de 2016

GATO NEGRO

El sábado pasado, cuando me disponía a cruzar la calle para ir a la biblioteca, me topé con una bolita de pelo negro en medio de la avenida. Al principio, pensé que se trataba de una especie de rata pero unos minutos después, pude comprobar que lo que allí había era un gatito negro de menos de una semana de vida. Fue un conductor de furgoneta quien se paró enfrente de él y la sacó para el lado de la acera en el que yo estaba junto a una señora. Recuerdo perfectamente las palabras de aquel hombre con acento argentino: "La gente es una hija de p. por abandonar en plena calle a un pobre animal porque esto no ha llegado aquí por sí solo". 

El conductor se marchó y el gato quedó al lado de un bar. ¿Qué hacer ahora con él? ¿Alguien se haría cargo? ¿Dónde podríamos encontrar a su madre? Que si la señora que estaba a mi lado tenía alergia a los gatos, que si la señora del bar tenía que trabajar y no podía hacerse cargo de él, que si esto y que si lo otro. Finalmente me decidí a llevármelo yo para casa con vistas a darle un hogar en la casa de campo de mi cuñado cuando se hiciese un poquito más fuerte y mayor.

Así, fui a una frutería que se encuentra al lado de mi casa y me hice con una caja de cartón de frutas para poder llevarme el gatito a casa. Una vez en casa, intenté hacer lo propio en este tipo de situaciones: darle de comer. Si bien no parecía desnutrido porque tenía buen aspecto con su barriguita, le puse un poco de leche desnatada en un cuenquito por si tenía apetito. Pero ni probarla. Se ve que estaba acostumbrado todavía a la mama de su madre y por ello, decidí acudir al veterinario para que me explicase qué darle de comer. ¿Biberón con leche normal? ¿Biberón con leche específica?

Una vez en el veterinario, la chica me aconsejó comprar un kit especial para gatos en el que venía incluida leche en polvo específica junto a un biberón especial. Aunque me salió un poco caro, lo compré por compasión. No iba a dejar al pobre animal morirse del hambre.





Cuando llegué a casa, preparé el biberón tal y como me había explicado la veterinaria pero me lo rechazó una y otra vez. Creo que fue al día siguiente cuando se acostumbró a la tetina y empezó a chupar como un loco. Desde el domingo y hasta el día de hoy se toma un biberón completo con toda felicidad. Cierra sus ojitos y estira las patas con señal de estar muy satisfecho.

Es negro, de ojos azules y está rellenito, señal de que le sienta muy bien su biberón. No para de maullar y le encanta jugar y dormir con el mini peluche que le pusimos en su cajita. De vez en cuando lo ponemos a pasear por el pasillo de casa pero normalmente pasa el tiempo en su cajita. Ya cuando comience a comer pienso la trasladaremos a la casa de campo de Diego porque, claro está, allí ganará en libertad.